Este es el blog del taller de Recopilación de la Historia de Beniaján. Este taller se hace los miércoles por la tarde en la Escuela Popular de Beniaján, de 18:30 a 20:00. Es una iniciativa de la Escuela Popular y en la actualidad participan con regularidad 12 personas del pueblo que, día a día, dan constancia de su tiempo y de su memoria para que su voz no se pierda.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Tiempo de difuntos

Los fantasmagóricas garras de Halloween arañan el calendario en estos días, haciendo brotar en los escaparates de las tiendas, en las cafeterías e incluso en las aulas de nuestros colegios, tétricos adornos y complementos con los que conmemorar la Noche de los Difuntos. En efecto, el vocablo Halloween deriva de la expresión ”All Hallows' Eve” (que traducido literalmente del inglés significa 'Víspera de Todos los Santos'), y hoy lo relacionamos de forma unívoca con esa fiesta americana carnavalesca que hemos importado y asimilado como complemento de nuestra secular tradición de rendir homenaje los días 1 y 2 de noviembre a los seres queridos que ya fallecieron.

Cementerio Viejo de Beniaján
El rápido arraigo en nuestra sociedad de esta manera de ‘vivir’ la fiesta, es un hecho que a muchos resulta incluso insultantemente grotesco; aunque no lo debiera ser tanto, a tenor de la abrumante globalización-americanización que ha venido marcando el devenir de nuestro mundo en el último siglo, en todos sus aspectos. Lo realmente curioso es que hayamos pasado por alto que el origen de esa celebración (como casi todo lo que nos llega de Norteamérica) entronca con la tradición europea, pues Halloween se ha ido forjando como una amalgama de las costumbres conmemorativas de los muertos que ya había ancestralmente enraizadas a este lado del Atlántico. Es decir, que la celebración ha hecho en realidad un viaje de ida y vuelta, retornando ahora al viejo continente travestida de calabaza.

Crisantemos para los que se fueron

De 'la hebrica del quijal' al 'truco o trato'

Nuestro acervo cultural atesora sus particulares y genuinas prácticas o ritos en honor de los difuntos, anteriores sin duda a la propia implantación en Estados Unidos del festejo que ahora adoptamos (la cuál, por cierto, parece que no se produjo hasta 1840). Las misas y los cantos de ánimas que precisamente en estas fechas interpretan los grupos de 'auroros' o 'animeros' de nuestra tierra, son clara muestra de ello. Pero es que, al indagar en la historia, nos encontramos también con otras manifestaciones autóctonas ya en desuso pero muy próximas y similares a las que precisamente Halloween nos aboca en esos tiempos.

Así, lo de ir pidiendo los niños golosinas de casa en casa, no debería ser visto por nosotros en su esencia como algo completamente nuevo e importado. A poco que preguntemos a nuestros mayores, nos relatarán con una sonrisa cómplice en los labios que hubo un tiempo en que los zagales de la huerta recorrían calles y caminos de Beniaján pidiendo de puerta en puerta lo que se conocía como “la hebrica del quijal”. La generosidad de los vecinos proporcionaba entonces a la chiquillería dulces propios de estas fechas (una rebanada de pan untada de arrope, alguna ‘jelepa’ de carne de membrillo), o frutos de los que ofrece la tierra cada otoño: una panocha para hacer tostones, trozos de corona de girasol cuajada de pipas, dátiles, higos secos, granadas…

Tampoco es nuevo lo de asustar y gastar bromas a la gente en lo tocante al mundo de los muertos, pues los adolescentes de nuestro pueblo ya hacían de las suyas la noche de difuntos mucho antes de que las sangrientas caretas de plástico invadieran los ‘todo a 100’. Tapar cerraduras con gachas o cera, tabicar ventanas y puertas, hacer desaparecer macetas de las casas aprovechando la oscuridad de la noche (para llevarlas generalmente a la casa de la moza pretendida), o salir provistos de velas al paso de algún asustadizo vecino, eran algunas de las endiabladas ocurrencias de los más jóvenes la víspera de Todos los Santos.

De momento no hemos hallado ninguna publicación que mencione y mucho menos profundice en esta manera de celebrar la fiesta, con objeto de delimitar en qué ámbito geográfico se llegó a desarrollar (¿sólo se hacía en Beniaján o en toda la Huerta?), o conocer más sobre su origen y evolución, o el porqué de su declive, buscando además alguna explicación al casi completo desconocimiento de la misma que existe actualmente por parte de las nuevas generaciones. El testimonio oral de vecinos de nuestro pueblo, como única fuente de información disponible al respecto (hasta la fecha), nos desvela que pedir “la hebriquia” o las travesuras adolescentes en la noche del 31 de octubre fueron costumbre muy arraigada en Beniaján y su huerta, y que así se vinieron practicando incluso hasta los pasados años 50.

Otra faceta en desuso de la liturgia de estas fechas, es la que revestía con grandes paños negros los altares y retablos de nuestra iglesia parroquial. El templo se preparaba así para recibir a los feligreses que habrían de rezar por las almas del Purgatorio, los cuáles eran convocados con un incesante y fúnebre toque de campanas que se inicaba apenas caía el sol tras los cipreses del camposanto la tarde del primero de noviembre. Y así continuaría durante todo el día siguiente, en conmemoración de los Fieles Difuntos.



La llama que permanece encendida

Hoy, las gachas, el membrillo, el arrope o las flores con las que adornar las tumbas, siguen volviendo a nuestras casas en vísperas de noviembre. Incluso en muchos hogares, todavía se prenden mariposas y velas que tiñen la noche de temblorosas sombras. Y es que, afortunadamente, hay una parte de la tradición (la gastronómica y la espiritual) que aún se mantiene con vida en ‘Tosantos’. Los cantos de ánimas que antes citábamos, recuperados por algunos grupos de nuestro entorno, son un ejemplo. Otro, la preceptiva visita a los cementerios, reuniéndose familias enteras alrededor de los floridos nichos y panteones.

En el Atrio, anualmente se congrega todavía un nutrido grupo de vendedores de flores que, desde el corazón del casco antiguo, también ambientan y dan continuidad con sus puestos a la costumbre; algunos de ellos, beniajanenses, nos contaban estos días que llevan ya un par de años impulsando la revitalización de este mercadillo, no ya sólo para la venta de flores, sino también de los productos típicos de la época. Así, a nuestra Plaza han vuelto las coronas de pipas, las panochas o el membrillo casero, resultando reconfortante encontrar este tipo de iniciativas que apuestan por la tradición.

En la otra cara de la moneda, Halloween. Es lo que ocurre cuando se deja sin contenido la faceta lúdica de una festividad: que el vacío se acaba llenando con otro tipo de manifestaciones. A su favor está además la televisión, la moda, la publicidad, y la dejadez de una sociedad que a menudo no sabe valorar suficientemente sus costumbres. De ese modo, se nos han ido apagando celebraciones genuinas (como 'la hebrica del quijal') para dejar paso a otras, siendo cada vez más parte de un mundo global homogeneizado y menos de un universo particular y pintoresco al que poco a poco dejamos morir en el olvido. Descanse en Paz.



Puestos en el Atrio con la llegada de 'Tosantos'

miércoles, 24 de octubre de 2012

Porque el presente sin pasado, no se entiende

Por eso volvemos otro curso (y ya van 3) al taller de recopilación de materiales sobre la historia de Beniaján.
Porque vivimos un presente difícil de entender (o al menos eso nos quieren hacer creer).
Pero estamos convencidos de que saber más sobre nuestro pasado, nos hará más críticos con el presente.


Aunque el camino sea largo.
Aunque parezca que estamos solos.
Aunque nubarrones de dudas se ciernan sobre nuestras cabezas.
Seguimos adelante y no nos paramos.